Los huesos son tejidos vivos en constante renovación, y es necesario que exista un buen equilibrio entre su formación por parte de unas células llamadas osteoblastos, y su destrucción por parte de otras células llamadas osteoclastos. Cada año los adultos reemplazamos un 5% las láminas compactas exteriores del hueso y un 30% de la estructura en forma de cavidades interiores que albergan la médula ósea. Cuando la destrucción predomina por encima de la formación, el hueso se vuelve cada vez más poroso y disminuye su densidad, haciéndose más frágil y por tanto dejando de ser capaz de soportar peso o el estrés cotidiano, y aparece un alto riesgo de fractura al mínimo impacto, especialmente en vértebras, cadera, muñeca y costillas.

Tener unos huesos fuertes es importante para poder envejecer con calidad de vida. 

Causas de la osteoporosis:

Primarias

  • Menopausia

  • Edad avanzada

  • Idiopática (sin causa conocida)

Secundarias

  • Endocrinas: hiperparatiroidismo, hipertiroidismo, hipogonadismo, síndrome de Cushing, diabetes tipo 1, 

  • Reumatológicas: artritis reumatoide, espondilitis anquilosate

  • Gastrointestinales: celiaquía, intestino irritable, enfermedad inflamatoria intestina, cirrosis,  …

  • Hematológicas: leucemias, linfomas, mieloma múltiple, mastocitosis, anemia perniciosa,

  • Déficits nutricionales: Ca, Vit. D, Mg, Vitamina K, P … 

  • Alcoholismo  

Medicamentosas

  • Glucocorticoides  (durante 3 meses o más)

  • Anticonvulsivantes: fenitoina, fenobarbital, carbamazepina

  • Anticoagulantes: heparina endovenosa, warfarina

  • Antitumorales: anastrozol, letrozol, metotrexate

Componentes del hueso:

  • Sustancias orgánicas (30%)

    • Proteínas: Colágeno tipo 1 (90%), osteocalcina, osteoponina

    • glucosaminoglucanos

  • Sustancias inorgánicas (45%): fosfato y carbonato cálcico (en forma de cristales de hidroxiapatita), magnesio, sodio

  • Células (5%): Osteoblastos (formadoras de hueso), osteocitos y osteoclastos (destructoras de hueso)

  • Agua (20%)

 

Los factores que aumentan el riesgo de que sufras osteoporosis son:

  • Una dieta baja en calcio y vitamina D

  • Exponer poco la piel al sol

  • Edad mayor a 65 años

  • Sedentarismo

  • Inmovilidad prolongada

  • El consumo de tabaco o alcohol

  • Ser de raza caucásica o asiática

  • Genética

  • Bajo peso (IMC < 20) 

  • Diabetes: Las personas con DM1 presentan menor densidad mineral ósea y 6-8 veces mayor riesgo de fracturas. 

¿Cómo se diagnostica la osteoporosis?

Las primeras observaciones que pueden hacer sospechar que una persona padece osteoporosis son la pérdida de estatura o la curvatura de la espalda, debido a aplastamientos vertebrales derivados de dicha patología.

Para evaluar la probabilidad de aparición de de fracturas, una orientación diagnóstica inicial se puede realizar por ecografía (ultrasonidos), midiendo la densidad ósea del calcáneo, un hueso ubicado en la zona del talón del pie con el equipo Sonost 3000. 

Tu médico puede diagnosticar la osteoporosis solicitando una densitometría ósea, que para tener más información de sus posibles causas, suele acompañar de un análisis de bioquímico de sangre en el que puede ver los niveles de calcio, fósforo o vitamina D y factores predisponentes como las hormonas tiroideas. 

La masa ósea está en constante evolución

Nuestros huesos se forman y crecen durante la infancia y la adolescencia, se consolidan durante la juventud, y de media llegan a tener la mayor densidad entorno a los 30 años. Es importante que antes de esta edad el aporte de calcio y la frecuencia de con la que se realiza ejercicio físico de fuerza sean adecuados, para conseguir un pico de fortaleza ósea lo más alto posible. En los hombres este pico es mayor que en las mujeres. A partir de aquí empieza una fase de involución, perdiendo al menos un 1% de densidad mineral ósea anual, que en mujeres se triplica a tras la menopausia. Debemos procurar enlentecer al máximo esta degeneración de los huesos, para que la densidad mineral ósea sea sensiblemente inferior a la media de adultos jóvenes, caso en el que estaríamos hablando de:

  • osteopenia: cuando hay doble riesgo de sufrir una fractura (entre 1,5 y 2,5 veces más probable).

  • osteoporosis: cuando hay más de 2,5 veces mayor riesgo de sufrir una fractura, que se calificará como osteoporosis severa si este riesgo se hace superior a 3,5 veces.

Una vez se alcanza el diagnóstico de osteoporosis, solamente el tratamiento con medicamentos de prescripción médica que reducen la destrucción del hueso ha demostrado reducir el riesgo de fracturas. Llegados a este punto pues, pasa a ser insuficiente tomar solamente suplementos de calcio y vitamina D u otros complementos nutricionales para fomentar la construcción de hueso.

Mejor prevenir que curar

La osteoporosis se suele diagnosticar demasiado tarde, y a menudo no presenta síntomas hasta que la persona ha sufrido ya alguna fractura, que se puede expresar por ejemplo en forma de reducción de la estatura, de curvatura de la espalda por aplastamiento vertebral o de dolor a la palpación. Se ha visto qué un incremento de masa ósea del 5% en la juventud puede reducir un 40% el riesgo de desarrollar osteoporosis.

Una de cada 4 fracturas osteoporóticas se debe a una deficiente mineralización osea en la adolescencia, y el resto, 3 de cada 4, son debidas a un exceso de pérdida ósea en tras la menopausia. Las fracturas osteoporóticas reducen en gran medida la calidad de vida del paciente y su supervivencia a los 5 años disminuye también un 20%. Es posible mejorar la densidad ósea con tratamientos farmacológicos, pero dado que los medicamentos empleados tienen riesgo de efectos adversos, la mejor estrategia es tomar cuanto antes las medidas preventivas en favor de una mejor formación del hueso, para llegar a la vejez con unos huesos fuertes. 

La osteoporosis es asintomática hasta que ya se empiezan a producir fracturas, que inicialmente pueden ser sutiles, 

Los bifosfonatos son el grupo de medicamentos de primera elección para el tratamiento de la osteoporosis por parte del médico, siendo el ácido alendrónico administrado semanalmente el más frecuentemente prescrito, por haber demostrado eficacia tanto en la reducción de fracturas de columna vertebral como en la de cadera y otros huesos. Son medicamentos que actúan reduciendo la destrucción del hueso, y aumentando la fijación del calcio, por lo que su eficacia se ha visto que aumenta significativamente si de toman conjuntamente con suplementos de calcio + vitamina D. Los estudios clínicos con ácido alendrónico demuestran que su uso es muy beneficioso:

  • la densidad mineral ósea de los pacientes aumenta un 5-8% anual según el hueso

  • el riesgo de fracturas se reduce casi a la mitad

Aunque el balance beneficio-riesgo de estos medicamentos es sin duda positivo, hay que tener en cuenta que pueden causar efectos adversos. Por ejemplo a partir de los 3 años de tratamiento, y más aún a partir del quinto año, estos medicamentos incrementan el riesgo de afectar negativamente el hueso de la mandíbula en aproximadamente 1 de cada 50.000 pacientes (poco frecuente). Este riesgo aumentaría mucho si se les realizara una intervención quirúrgica dental, como puede ser un implante o una extracción. Para evitarlo, si el dentista determinara que es necesario un procedimiento invasivo, el paciente debería estar por lo menos 3 meses sin tomar estos medicamentos para reducir dicho riesgo, por lo que es importante realizarse una buena revisión dental antes de iniciar el tratamiento

El ejercicio fortalece tus huesos

Los osteocitos son las células óseas más abundantes y poseen sensores que detectan la presión que debe resistir el hueso. Cuando los osteocitos detectan actividades de carga ósea, se activan y reducen la secreción de esclerostina, ya que esta hormona inhibe la formación de hueso.

Por tanto van a ser muy adecuados para prevenir o detener el progreso de la osteoporosis, todos aquellas actividades musculares que promueven la fuerza y la resistencia, como los ejercicios con pesas, la calistenia (ejercicios usando el propio peso como resistencia), subir escaleras o caminar dando largos paseos. También son convenientes las actividades que fomentan el equilibrio, como el Tai-chi. En cambio va a ser poco útil la natación, ya que el agua anula en gran parte las cargas de peso

La nutrición es fundamental para la salud ósea

Para fomentar la salud de nuestros huesos debemos garantizar el aporte nutricional de algunas vitaminas y minerales entre los cuales los principales son:

  • calcio: es el mineral más importante para la formación de huesos. Representa aproximadamente un 1 Kg del peso corporal en un adulto. Los osteoclastos liberan calcio de los huesos cuando se requiere que participe en la regulación del pH, activar neuronas, la coagulación sanguínea, o reacciones enzimáticas. Si nuestro cuerpo detecta que disminuye el pH, lo compensa liberando calcio de los huesos. Se encuentra principalmente en los alimentos lácteos, pero también en frutos secos, legumbres y pescados que comemos con espinas finas como las sardinas. La dieta de media puede proporcionar 1.000 mg de calcio/día, pero solamente absorbemos en 30%. Nunca debemos exceder la ingesta de más de 2.000 mg de calcio diarios para no incrementar el riesgo de calcificación arterial.

    • Aumentan su absorción: Los alimentos alcalinos (como frutas o verduras), la vitamina D, los estrógenos o la furosemida (diurético).

    • Reducen su absorción: los alimentos ácidos (como las proteínas), el fósforo, los fármacos corticoides, la hidroclorotiazida (diurético) o la hormona tiroidea.

    • El carbonato de calcio impide la absorción de algunos minerales que se ingieran conjuntamente (hierro, zinc y ranelato de estroncio), y también la de medicamentos como los bisfosfonatos o los antibióticos. Por tanto sus tomas deben separarse al menos 2 horas y los medicamentos nunca se deben tragar con leche.    

  • vitamina D: facilita la absorción intestinal del calcio y el fósforo, que son los principales componentes del tejido óseo. Supuestamente se puede conseguir fácilmente a través de la radiación solar UV-A más del 80% de la vitamina D que necesitamos, pero la mayor parte del año la pasamos en interiores o con la piel cubierta por ropa, y en verano tanto los protectores solares como el bronceado también reducen su activación. Por ello la realidad es que el 40-50% de la población europea  según el país, tiene déficit de esta vitamina y podemos necesitar tomarla en suplementos nutricionales. Esta vitamina además de contribuir a la formación de los huesos tomando entre 800-2000 UI diarias, también interviene en numerosas otras funciones del organismo relevantes. Por ejemplo se ha evidenciado que quienes tienen niveles bajos de vitamina D tienen mayor riesgo de padecer síntomas depresivos y ansiedad. 

  • vitamina K: evita que en calcio se deposite en lugares inadecuados, y lo transporta a los huesos desde las arterias, evitando así endurecerlas y obstruirlas. Las proteína osteocalcina y la GLA que fijan el calcio a los huesos solamente se pueden activar si encuentran vitamina K. Parte de nuestra necesidades de vitamina K la pueden satisfacer ciertas bacterias de nuestra microbiota intestinal que sintetizarán vitamina K2. Esta vitamina tiene también una función muy importante en la coagulación de la sangre por lo que no deben tomar suplementos que la contengan las personas con antecedentes de trombosis, tratamientos anticoagulantes o antiagregantes plaquetarios o antidiabéticos. En cambio es un suplemento muy indicado para personas con aterosclerosis, para evitar la calcificación arterial, especialmente si toman suplementos de calcio.

  • magnesio: es imprescindible para que la vitamina D3 pueda convertirse fisiológicamente en formas más activas que puedan fijar calcio. Su absorción del aportado por la dieta disminuye en presencia de alcohol, fosfatos y la ingestión de alimentos ricos en agua y proteínas. Las formas inorgánicas como el carbonato o el óxido de magnesio apenas se absorben, por lo que si optamos por tomarlo en suplementos debemos optar por formas orgánicas como el citrato o el bisglicinato de magnesio.

La dieta puede ser nuestra fuente de todos los nutrientes importantes para la salud ósea, pero es complicado que algunas personas cambien sus hábitos alimentarios y les es más sencillo asegurar su ingesta mediante suplementos nutricionales. Además la producción industrial de alimentos en muchas ocasiones afecta la calidad de los nutrientes que contienen. Por ejemplo, el aporte de vitamina K a la dieta debería ser mayormente comiendo carne de los animales herbívoros que han ingerido cloroplastos de hojas verdes ricos en vitamina K1, pero si el ganado no se alimenta de pastos verdes sino con cereales secos y piensos su carne apenas la contendrá.

 

Tanto la vitamina D como la K2 son liposolubles y necesitan que nuestro cuerpo produzca bilis para ser absorbidas, así que los suplementos nutricionales que las contengan deberán tomarse conjuntamente con alimentos ricos en grasas.

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